El secreto de la canja de tu abuela probablemente está en el tiempo de cocción, porque a diferencia de lo que mucha gente hace rápido, la canja tradicional necesita horas para desarrollar ese caldo rico y sustancioso. Coge un pollo entero (o las partes más grandes si prefieres), lo pones en una olla grande con agua fría, lo llevas al fuego y retiras esa espuma que sale al principio. Después añades cebolla entera (sí, con cáscara es mejor, le da color), unos 2-3 dientes de ajo pelados, zanahoria cortada en rodajas gruesas, un tallo de apio si tienes, sal y lo dejas cocer a fuego lento durante unas 2-3 horas por lo menos. Cuanto más tiempo, mejor queda el caldo.
Alrededor de una hora antes de terminar, sacas el pollo, desmenuzas la carne y devuelves solo la carne a la olla, después retiras las verduras grandes (ya le dieron todo lo que tenían al caldo). Aquí es donde entra el arroz - generalmente se usa arroz redondo común (tipo el carolino) - , añades una taza o algo así y lo dejas cocinar hasta que quede bien blando y suelte un almidón que hace la sopa cremosa naturalmente. Algunos añaden un huevo entero batido al final, revolviendo bien para crear esos filamentos de huevo, lo que le da una textura muy característica. La diferencia con una sopa más "fina" es exactamente eso: la paciencia de dejar todo cociendo lentamente crea un caldo profundo que la canja rápida nunca consigue tener.