El problema es que la cobertura caliente penetra demasiado en el bizcocho aún templado, satura los poros de la masa y destruye la estructura esponjosa. El truco es simple: deja que el bizcocho se enfríe completamente antes de poner la cobertura, y prepara una cobertura bien espesa y no demasiado caliente. Cuando hablo de espesa, es tipo una cobertura que se espesa bastante cuando se enfría - puedes usar chocolate derretido con mantequilla y un chorrito de leche condensada, o simplemente chocolate con un toque de aceite de coco que se solidifica. Esto hace una cobertura que se queda más en la superficie en vez de ser absorbida.
Otro consejo importante: si la cobertura todavía está muy líquida, espera un poco después de sacarla del fuego antes de aplicarla. Cuando está aún muy caliente, penetra; cuando está a temperatura ambiente o incluso un poquito templada, forma una capa que protege el bizcocho. Algunos hasta dejan la cobertura enfriar en la nevera durante unos minutos para que quede aún más firme.
Y hay un truco final que funciona bien - puedes aplicar una capa fina de glaseado o ganache bien espeso primero (tipo una barrera), dejar que se seque, y después poner otra capa encima si quieres más cobertura. Así el bizcocho queda protegido. Prueba con una cobertura más espesa y más fría y verás que lo cambia todo 👌